18 de noviembre, 2017
Entrevistas

Guillermo Legaria

28 de diciembre, 2016

Fotoperiodista y video realizador independiente, trabaja y vive en Colombia desde hace 10 años, y antes de eso lo hizo en Ecuador. Siempre tuvo sus metas bien de frente y hacia ellas fue, firme y constante: trabajar en fotoperiodismo, mostrar Latinoamérica, profundizar en sus conocimientos y usarlos como una herramienta de comunicación. Gillermo Legaria es freelance y trabaja para agencias como AFP y Getty Images LatinAmerica. Participó de eventos históricos, conoce la América Latina interna y tiene la capacidad de tener una vida de aventuras como fotoperiodista y a su vez ser esposo y padre de familia.

1 – ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo de la fotografía?

A principios de los 90s entre a la Escuela de Bellas Artes (ENBA), hice los dos o tres primeros años y cuando ya me tocó elegir el taller no encontré ninguno que me llenara. Mientras reforzaba mi búsqueda experimentando la cerámica y el gres en el taller de maestro Nowinski y la pintura, dibujo y escultura a nivel personal, una amiga me contó que arrancaban cursos de fotografía (gratis) en la Casa de la Cultura del Prado. Me anoté, me enamoré a primera vista casi. Gasté mis ahorros y casi el viaje de semana de turismo a Floripa para comprarme mi primera cámara, una Zenit 122 – rusa. Me entusiasmé y me metí a la “Escuela activa de fotografía” Dimensión Visual del maestro Carlos Amérigo. No volví a salir de ahí…auspiciado por quien se convirtió en un alcahuete devoto y hasta como en mi padre putativo (gracias totales chingao!) devoré los cursos avanzados de 2do y 3er nivel. Me sumergí en el alucinante mundo del blanco y negro, la alquimia del laboratorio, experimenté con cuanto pude con el revelado hasta quedarme con el Rodinal 1:25, el retoque fotográfico, los montajes, la impresión por zonas, el papel de fibra, hasta llegué a emulsionar superficies y probar películas gráficas tipo Kodalith. Me compré una Pentax K-1000 usada que no me duró mucho porque me la robaron. Regresé con más fuerza después de un viaje de unos meses al México zapatista, indígena y surrealista para experimentar con los audiovisuales montados en dos proyectores de slides y control de disolvencia para poder entrar en una muestra colectiva como resultado del viaje por tierras mexicanas, que nos llevó junto con Jorge Amérigo (el hijo de Carlos) a proyectarle imágenes sobre el fondo del telón del Teatro Solís al regreso musical de Ruben Rada a sus pagos. Instalé una cantina en la escuela de Carlos Amérigo para ayudarme a pagar los talleres de reportaje gráfico, el de ensayo fotográfico, el de fotoperiodismo de Daniel Caselli en el Foto Club Uruguayo, otro por ahí de fotografía documental con el gringo William Nolan. Fueron un par de años de deambular por las calles de Montevideo, con Onetti en la mochila y la cámara Nikon Fm-2 que compré con una herencia de mi abuela María en mano entrando al hipódromo de Maroñas, desayunando los mejores asados de tira junto a los obreros de las construcciones para celebrar las planchadas, recorrer varios de los Boliches montevideanos escuchando anécdotas de parroquianos acodados en los mostradores de mármol durante 8 meses, la avenida 18 de julio y sus personajes, los pescadores artesanales de la playa Mulata, retratando la sociedad capitalina desde los perros en la calle…

2 – ¿En qué trabajás? (para ganar dinero)
Trabajo desde hace 20 años en fotografía, y casi el mismo tiempo como fotoperiodista independiente colaborando sobre todo para agencias internacionales de prensa, he hecho coberturas gráficas y coordinado otras en Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela y Uruguay para las agencias AFP, Efe, Dpa, Getty Images, Demotix. Actualmente frilanceo con la Agencia France-Presse (AFP) y con Getty Images Latinamerica en Colombia.

3 – ¿Por qué y cuándo te fuiste de Uruguay?
Salí de Uruguay, se podría decir definitivamente, en mayo del ’97, embarcado en un proyecto cultural con una banda de como 30 entusiastas uruguayos más, rumbo a un viaje por Bolivia y Perú. Se trataba de la segunda versión (y mi segundo intento) del proyecto “Fotos de Ida y Vuelta” en la que se arrancaba con una exposición colectiva de fotos en el Cabildo de Montevideo, la venta de rifas durante un año para financiar el viaje y la travesía de recorrer durante un mes lo más posible de esos países andinos mientras disparábamos fotos pensando en armar una exposición al regreso del viaje y concretar otra en alguna sala de algún lugar de Bolivia o Perú. Como dije, esta fue la segunda versión de un proyecto colectivo. Yo ya me había preparado, tanto emocional como académicamente para no regresarme al final del viaje con el grupo. Llevaba conmigo carpetas con varios trabajos fotográficos hechos en los talleres que había participado, además de los 4 tambores de película blanco y negro y unos 50 rollos de diapositivas. Cuando ya todo el grupo se regresó yo me quedé un mes más en Lima (buscando lugar para la exposición colectiva que habíamos expuesto en El Cabildo y juntando fuerzas para seguir solo en la ruta hacia el norte.
Que porqué me fui de Uruguay? La razón tal vez la encontré después de tiempo fuera ya del país, pero el impulso lo adquirí en la primera versión de ese proyecto de “Fotos de Ida y Vuelta” en el que me metí a prepo y sobre la hora, hacia México. La misma dinámica, una exposición colectiva en el Cabildo de Montevideo, cargamos en el avión la muestra para montarla en la Jesús Reyes Heroles de Coyoacán en el DF, el viaje durante un mes por medio México en 4 camionetas alquiladas por unos 30 uruguayos, algunos tomamos fotos durante el viaje y las expusimos para finalizar el proyecto en otra muestra colectiva en el Cabildo de Montevideo. Esto fue en diciembre del ’94. Yo me fui una semana antes que todo el grupo, liderado por el maestro mexicano Carlos Amérigo, después de lamentar el robo de mi cámara Pentax K-1000, renunciar a mi trabajo, juntar la plata de la liquidación y pedir un préstamo familiar. Llegamos en plena crisis económica mexicana, la erupción del volcán Popocatepetl y el subcomandante Marcos instalado con los zapatistas en Chiapas. Desde que el avión sobrevoló Mexico DF para aterrizar en esa especie de nave nodriza que parecía la ciudad de 20 millones de habitantes el impacto fue tremendo para un montevideano que solo había conocido algo de Argentina, Brasil y Paraguay. Ni hablar el resto del viaje de casi 11 mil kilómetros recorridos. Y mucho menos del choque cultural y social. El grueso del grupo se regresó al mes, yo (ilusamente) intenté postular para un cupo a una de las 20 becas para estudiar cine en la UNAM, mientras aguantaba un par de meses más en el DF, entre escapadas al barrio Tepito y San Miguel de Allende en Guanajuato. No se pudo y regresé a Montevideo. Recuperé el trabajo, me metí en cuanto curso y charla de fotoperiodismo y fotografía documental pude, pasé noches enteras en el laboratorio imprimiendo carpetas de foto reportajes que hacía y arranqué aprovechando el segundo proyecto de viaje colectivo a Bolivia y Perú para dejar atrás mi país en busca de llegar a México o Cuba para estudiar cine. Pero el destino me llevó hasta Ecuador y ahí me quedé 10 años – eso sí, pude hacer algo de cine en el Taller de Cine y Actuación con el cineasta ecuatoriano Camilo Luzuriaga. Ahora ya llevo otros 10 años en Colombia, trabajando y viviendo con mi familia Catalina, Juan Diego y Martín (el perro).
Y tengo claro que la principal razón para haber salido de Uruguay fue la de conocer y retratar la realidad latinoamericana que nunca ha dejado de sorprenderme, de impactarme por lo fuerte, salvaje y cruda que puede ser y conmoverme por lo hermosa, mágica y diversa de sus paisajes y su gente. Y hacerme profesional para vivir de mostrar en fotos todo eso.

4 – ¿Cómo es trabajar para una agencia de noticias en el extranjero?
Tal vez para un extranjero es más fácil conseguir trabajo en una agencia internacional que en un medio local, ya que los medios locales siempre le dan prioridad a sus connacionales (lo que me parece muy bien). Las agencias y algunos jefes en las delegaciones de estas prefieren tener algún extranjero trabajando con ellos, ya que según dicen estos pueden ver algo que les llame la atención, lo que para un local no es más que cotidiano o pan de todos los días, para el extranjero puede ser una gran historia que seguro se publicará muy bien en otro país. El trabajo en agencia de noticias es realmente fascinante para el fotógrafo apasionado con la reportería. Uno corre riesgos, es parte de la profesión, pero los beneficios y recompensas son enormes. Como tener el privilegio de pocos de conocer lugares casi imposibles de llegar. Aunque sea por un día. Los reporteros gráficos tenemos que estar preparados física, emocional y profesionalmente para casi todo. Uno puede pasar 8 horas aguantando encerrado en una rueda de prensa del Comandante Hugo Chávez en el palacio de Miraflores, salir a cubrir una protesta en las calles con máscara antigás y chaleco antibalas, al día siguiente caminar por un paraíso terrenal para hacer un reportaje sobre ecoturismo o medioambiente en una playa de las Islas Galápagos o en el bosque primario de la selva amazónica con tribus indígenas que se niegan a tener contacto con la civilización. Al regresar cargar las valijas con equipos para cubrir un partido de fútbol de eliminatorias al Mundial y al volver al día siguiente alistarse para un viaje con el ejército o la policía antinarcóticos que lo suben a un helicóptero Blackhawk para lanzarse en rapel sobre un descampado en medio de la selva y correr con cámara en mano, chaleco y casco antibalas hasta llegar a un laboratorio de procesamiento de cocaína a punto de ser volado en pedazos con cargas explosivas listas. Antes de salir del terreno, de la zona roja del conflicto armado que lleva más de medio siglo en Colombia, tomarse el tiempo para disfrutar de una charla a la sombra con una familia de campesinos que con una sonrisa en sus rostros comparten orgullosos un café y un plato de frijoles con arroz de su cosecha mientras no dudan en abrirte las puertas de su casa a pesar de todo. Y si el trabajo del reportero gráfico es así de vertiginoso, la cobertura gráfica para agencias internacionales es más aún. Uno está siempre en competencia contra el tiempo. Los clientes o abonados al otro lado del mundo, en Europa, están a 6 o 7 horas de diferencia, ni hablar los de Asia. El computador portátil, la conexión segura y rápida a internet ya sea vía modem, Smartphone o satelital es imprescindible. Al salir a una cobertura noticiosa el fotógrafo de agencia ya va pensado en las primeras tres o cuatro fotos de cajón que debe tomar, y mandar casi sin editar lo antes posible, para seguir después con el cubrimiento.
Para los reporteros gráficos que colaboran como free-lance para las agencias el riesgo es aún mayor, ya que los equipos con los que uno trabaja, el seguro, la seguridad social, etc, van por cuenta de uno mismo. Las agencias pagan solo (y generalmente poco) por el material gráfico que uno publica y los gastos de transporte, alojamiento y alimentación. La recompensa está (además de todo lo anterior) en que las fotos pueden ser publicadas en un medio de cualquier parte del mundo donde la agencia tenga abonados.

5 – ¿Qué opinás de la fotografía hoy día en Latinoamérica?
Creo que en Latinoamérica hay mucho, muchísimo para mostrar, para contar. Siempre ha sido y será un terreno muy productivo para la fotografía documental y el fotoperiodismo. Hay fotógrafos latinoamericanos muy buenos, producto de exportación de primera clase, que han ganado premios internacionales por sus trabajos dentro y fuera de Latinoamérica. A veces nosotros mismos no nos valoramos.

6 – ¿Cómo ves a la fotografía de prensa en diez años?
No la puedo ver, o me cuesta mucho. La velocidad con la se están dando los cambios es vertiginosa. Hay quienes dicen que la fotografía de prensa está en crisis. Yo creo que siempre lo ha estado. En algún momento fue el paso del blanco y negro al color, después el paso de la fotografía análoga a la digital y los problemas éticos en que llegó a caer el fotoperiodismo al poder manipular fácilmente las fotos alterando la realidad, lo que llevó a los medios de comunicación y especialmente a las agencias internacionales a cambiar sus normativas internas para exigir que apenas se retoque, que solo se hagan ajustes básicos de color y balances de luz y sombra. Hace unos años ya entró con fuerza el video de alta calidad que permite capturar una imagen. Muchos fotógrafos ya cubren historias en foto y video al mismo tiempo. Cada vez es más fácil producir y difundir de inmediato una imagen con un teléfono celular o Smartphone o una tableta. Esto está muy bien para las redes sociales, pero para la prensa vuelve uno a pensar en lo fácil que es manipular una imagen o distorsionar la realidad. Estoy seguro que la fotografía en blanco y negro, impresa en papel, el laboratorio del proceso químico, seguirá existiendo en el plano artístico. La buena fotografía, esa hecha de corazón, por profesionales dedicados a cubrir grandes historias, seguirá existiendo sin duda alguna y seguirá destacándose del resto de imágenes para consumo inmediato y casi instantáneo, desechables. Es muy probable que terminen desapareciendo los periódicos y las revistas impresas en papel, y hasta los libros. Que todo lo tengamos al alcance de un botón. Pero las imágenes que veamos casi al instante de un hecho que está pasando al otro lado del mundo mientras desayunamos un café con bizcochos calientes la estará cubriendo un reportero gráfico. Como a todos nos toca evolucionar. Las agencias de noticias, que por cierto tienen como 150 años de historia, ya se están dando cuenta que su mercado ya no son solo los medios de comunicación de cada país o las empresas, sino el público en general, la propia sociedad. Cada vez más se busca articular la noticia como la suma de muchas pautas: un alerta que sale al aire de inmediato con imágenes tomadas con el celular y que vía Twiter por ejemplo da la vuelta al mundo en segundos convirtiéndose en worldwide trending topic; despúes salen varias actualizaciones ya con más información y las primeras 4 o 5 fotos tomadas por un reportero gráfico con su cámara profesional a través del servicio gráfico de la agencia; ya con más tiempo las agencias generan la información larga, más completa, los resúmenes, las crónicas y reportajes en donde la fotografía y material audiovisual son imprescindibles.

7 – ¿Cómo es tu proceso creativo ante un trabajo?
Me preparo mucho. Investigo a fondo. Contacto a las fuentes. Busco los distintos ángulos en que se puede encarar la historia que quiero mostrar. Armo un guión en mi cabeza. Saco cuentas de presupuesto, de tiempo, distancias, gastos, etc. Intento ir primero a ver, escuchar, sin sacar la cámara. Para cuando ya tengo bastante claro todo esto y me siento confiado y sobre todo tengo la confianza de las personas que hacen parte de la historia que voy a mostrar, sacar la cámara y dejarme llevar por lo que siento. El resto es revisar el material, editarlo una y otra vez hasta lograr lo que quería contar y mostrar. Eso cuando tengo tiempo para preparar un reportaje gráfico. Cuando es una cobertura noticiosa que debe salir de inmediato y no hay tiempo más que revisar que la mochila tenga todo el equipo que necesito para salir, es ir también preparado para lograr las primeras fotos que de cajón se van a publicar y después ya buscar con paciencia mi punto de vista personal de la noticia, donde me siento más cómodo para producir las imágenes que más me llenan, donde me veo reflejado y las fotos que más celebro cuando las veo publicadas en algún medio de algún lugar del mundo. Esas son “mis” fotos.

8 – ¿Actualmente estás trabajando en algún proyecto personal?
Hace tiempo tengo en vueltas la cabeza y el corazón en un proyecto de una muestra personal con una recopilación de trabajos que he hecho en los 20 años que llevo en el mundo de la fotografía. Los reportajes y ensayos que hice en Uruguay y continué en otros países. Y otra muestra audiovisual sobre protestas en las calles, un resumen de varios años fotografiando en medio de gases, palos, piedras.

9 – ¿Qué es para vos una buena foto?
La que me conmueve de alguna forma. Que me queda grabada en la memoria. La que me hubiera gustado hacer y no pude hacerla aún.

10 – ¿Qué le recomendarías a los nuevos fotógrafos?
Que conecten el ojo con el corazón, busquen su propio punto de vista para capturar la realidad con pasión. Estudien y se preparen mucho, mientras experimentan sin miedo a equivocarse. Aprendan de los errores y refuercen los aciertos. Que se preparen lo más posible cultural e históricamente para ser conscientes de lo que se ha hecho y lo que se puede hacer.

11 – Recomendanos una película, un plato de comida, un libro, un fotógrafo…
Una película: puede ser Delicatessen, de Jean-Pierre Jaunet y Marc Caro.
Un plato de comida: uff… las milanesas a la napolitana de Juanita (mi mamá), el lechón a las brasas de Enrique (mi papá) y la sobrebarriga de Catalina (mi mujer), pero infaltable el arroz con leche, la receta del libro del Crandon, que es tradición familiar.
Un libro: uno que me acuerdo me marcó mucho en mi adolescencia – La agonía y el extasis, la novela de Irving Stone sobre la vida de Miguel Angel Buonarrotti. Y alguno del colombiano Mario Mendoza, Satanás por ejemplo.
Fotógrafo: Sebastiao Salgado por supuesto. Ah, otro libro, Exodos de Salgado, imperdible.

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