19 de septiembre, 2017
Actualidad

El extraño caso del jardinero

14 de junio, 2017

Federico Ruiz Santesteban estudió arquitectura y fotografía de forma simultánea y aprendió, gracias a esto, que las pautas compositivas trascienden los géneros. Cita con respecto a esto: Le Corbusier afirmaba que la arquitectura “es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz”. Por su parte Cartier Bresson decía que para componer hay que tener “sentido de la geometría”. Son dos definiciones que pueden saltar maravillosamente de una disciplina a la otra. Esta es una síntesis de ese encuentro que creo que existe y que intento hacer constantemente entre mis dos oficios.

La madre de Federico es dueña de una conocida librería de Lagomar que existe desde hace más de 20 años. Ahí fue donde Sandro Pereyra, actual editor de Lento, fotoperiodista, docente y uno de los creadores de La Diaria y Federico se conocieron. Por el año 2000 Sandro era asiduo cliente de la librería, vecino de la zona y docente de fotografía en la Casa de la Cultura de San José de Carrasco. Comenzaron así, una interesante relación que inició por las clases de fotografía y derivó en una amistad. La formación que recibió durante el tiempo de estudio fue básicamente fotoperiodística. Había un laboratorio, armado en el espacio cultural, que Federico usó primero como alumno y luego desde su lugar de socio, formato creado para poder costearlo. Entre clases y proyectos que se fueron dando funcionó con ese método durante dos años hasta la crisis, época en la cual entre los costos de los materiales de fotografía analógica y la introducción de las primeras cámaras digitales, fue forzado a dejar el laboratorio.

Además de fotógrafo y arquitecto, Federico es investigador. A partir de tener que dejar la fotografía analógica se interesó por los procesos alternativos que fueran sustentables, económicos y accesibles tanto en fotografía como en arquitectura. Durante mucho tiempo, y gracias a la ayuda de amigos ingenieros químicos o científicos, se dedicó a averiguar cómo suplantar los químicos contaminantes por emulsiones naturales. El inicio de su proyecto “El extraño caso del jardinero” tiene varias puntas. Primero, llegó al trabajo de John Herschel inventor del cianotipo, estudiando sus exploraciones fotográficas en base a extractos de plantas y vegetales. También le sirvió de referencia el trabajo de Ackroyd & Harvey, dos ingleses que utilizan pasto como elemento protagonista de sus obras que incluyen arquitectura, escultura y fotografía. Y dentro de sus investigaciones dio con un trabajo de fotografías de guerra del archivo de LIFE, impresas en hojas, proyecto realizado por el vietnamita Binh Danh. La información o bibliografía de estos procedimientos era muy escasa y decidió empezar a investigar movilizado básicamente por la intuición. En esa época también, por el 2010, período en el que estaba presentando su proyecto final de arquitectura, se enteró de que iba a ser padre.

El entorno en el que vive este autor lo inspira. Vive aún en la casa donde nació. El terreno es lo suficientemente grande como para albergar a su esposa e hijo, su madre, y a una de sus hermanas, la menor, todos viviendo en casas independientes. El jardín está prolijamente lleno de plantas de todos los estratos sociales y algunas de ellas incluso, vienen heredadas de casas de abuelos. Su madre ha sido siempre amante de las plantas y su hijo Valentín, a medida que fue creciendo y se fue integrando con ese entorno verde y natural también manifestó amor por ellas. Las primeras exploraciones de este proyecto tienen una conexión con la imaginación, los cuentos y el acto fantástico del jardín. Si una flor puede transformarse en un limón, por qué no pueden existir hojas con imágenes del rostro de alguien? En este caso ese rostro era el de Valentín. Su padre le decía como parte de un juego con respecto a la aparición de hojas con el rostro del niño, “Las plantas te dicen gracias por tus labores de jardinero”. Así es como inicia este trabajo, como un juego familiar sobre el relato fantástico que “no produce revelado sino revelaciones”, que mantiene a adultos en juegos que solo se aplican en la infancia, donde refuerza la idea de que el trabajo fotográfico puede estar ahí en el entorno y no necesariamente afuera.

Parte de las cosas que Federico aprendió con este proyecto con respecto a las plantas, son las variables de impresión según el tipo de hojas. Ha probado con todas las plantas del jardín y una cosa que saca en conclusión es que, cuanto menos “aristócrata” es la planta, mejor imprime.

Actualmente trabaja como arquitecto y fotógrafo freelance y da clases de fotografía en Gato Peludo.

Fotos y texto: Gabriela Rufener (con ajustes de datos de F.R.S.)

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